Por Ulises Martínez Flores
—Ya párale a las quesadillas, Botargas, que vas a engordar —le espeto como saludo a mi voluminoso amigo al que, por supuesto, ni le preocupa su sobredimensionado cuerpo ni le hace diferencia una quesadilla más o una menos.
El caso es que no deja de sobresaltarse por haberlo encontrado en pleno disfrute de su deporte favorito: la ingestión de fritangas. En realidad, el Botargas no sólo pide quesadillas una tras otra sino que encarga kilos y medios kilos del relleno.
En ésas está precisamente ahora, frente al comal de conocido fritanguero de la colonia Roma.
—No se te olvide entonces traerme mañana mi medio kilo de huitlacoche ya preparadito, moreno.
—No, gordito, cuenta con tu cuitlacoche.
Vicio del oficio, no me pasa desapercibida la diferencia de pronunciación que se acaba de dar entre el Botargas y el moreno que lo atiende solícito. Me empiezo a saborear la quesadilla de letras que me prepararé en cuanto llegue a mi colección de diccionarios, pero la discusión sobre si se dice huitlacoche o cuitlacoche se inicia frente a mí.
—Le pones su elotito y su cebollita a mi hui-tla-co-che —subraya el Botargas con aire doctoral.
—Sí, gordito, no te preocupes, pero se dice cui-tla-co-che —recibe como respuesta.
Ni tardo ni perezoso, aprovecho la ocasión para atizar el fuego.
—¡Ándale, Botargas!, ya te taparon el hocico por ignorante.
—¿Ignorante yo? Aquí el moreno que ya no me tiene respeto.
—No, gordito, nada más que aprende a hablar antes de ponerte a corregir —remata con evidente orgullo a sus raíces indígenas el fritanguero y manda con la cola entre las patas al Botargas a hacer la digestión a su casa.
Yo voy directo a la mía a dilucidar el debate que acabo de testimoniar. Busco primero la pronunciación del Botargas: huitlacoche, y el diccionario la da por buena, aunque sólo para remitirme a la otra opción: cuitlacoche. Es decir, sólo dice: “huitlacoche.
Y la razón me la da el mismo diccionario: cuitlacoche proviene del nahua cuitlacochi, es decir que en su origen prehispánico el término se pronunciaba con c inicial y es posible imaginarse que criollos y mestizos fueron cambiando esa c por una muda h debido a la dificultad que su pronunciación les representaba.
Resuelto el enigma y dada la razón al fritanguero y su orgullo indígena, pero también al Botargas y su justo mestizaje del léxico prehispánico, no me resta más que revisar el significado completo de la palabra:
Cuitlacoche. s. m. (Ustilago maydis) Hongo parásito que invade las mazorcas tiernas del maíz; aparece a manera de grandes tumores de un blanco grisáceo que, cuando maduran, revientan y liberan infinidad de esporas negras; es comestible cocido o guisado: tacos de cuitlacoche, arroz con cuitlacoche.
Y, finalmente, su etimología: de cuitla, trasero, excremento, y quizá de cochi, dormir). ¡Ay, caray!, pues ¿que andará comiendo el Botargas?
